
El violín ora cantaba como un pájaro, ora parecía seguir el caprichoso vuelo de una mariposa…una cascada de arpegios llenaba la sala del Teatro Auditorio acariciándole. Cerró los ojos y suspirando se arrellanó en la butaca, sus dedos artríticos parecían cobrar vida independiente y, sin que en ello mediara la voluntad, iniciaban amagos de movimiento como si volvieran a tener las cuerdas bajo ellos. La Primavera de Vivaldi … siempre sería la primavera de Herta. Cuántos años habían pasado desde entonces, cuántas primaveras desde que la viera por primera vez ensayando aquella pieza. Dos estudiantes de violín con una beca para el Conservatorio de Viena, jóvenes, llenos de ilusión y con la vida por delante… El amaba la música desde que tenía memoria, era su pasión y su lenguaje más íntimo, trabajó y luchó para ser un buen violinista pero jamás pasó de ser un impecable ejecutor técnico: consiguió un puesto en la Filarmónica y cuando sus dedos dejaron de obedecerle fue profesor en el Conservatorio. Cuántas horas de estudio, ensayaba hasta que no podía más, pero algo se interponía entre la música que sonaba en su cabeza y la que sus dedos transmitían, su música no tenía alma. Pero Herta… Herta era otra cosa: cuando tomaba el violín como si fuera una joya y lo apoyaba amorosa en su cuello, cuando sus dedos finos acariciaban el arco… ah, entonces se transformaba. Era un ser de luz, en simbiosis con el instrumento, era la Música en toda su grandeza, era la voz de Dios… Cómo la había amado, tanto como a su música. Pero su rival era demasiado poderoso, el Violín se la arrebató. Herta sí llegó a concertista, ella sí pudo emocionar a un teatro entero con su don…
-Abuelo… ¡abuelo! Que te duermes… - su nieta le sacudía levemente el brazo, sonriendo. Con un guiño, le agradeció la sonrisa y volviéndose hacia su mujer, le tomó la mano y depositó un largo beso en la palma arrugada. Esas dos mujeres eran su destino, su obra, su melodía.
Vivaldi seguía pintando con verdes tiernos y azules luminosos la alegría de la vida que renace, el gozo de la juventud y la fuerza, la llegada de la primavera. Fuera, el invierno se resistía a abandonar su reinado con furiosas ráfagas de aire helado, azotando las ramas que, preñadas de yemas, traían su inexorable mensaje de resurrección.
OTRAS PRIMAVERAS EN http://callejamoran.blogspot.com/
-Abuelo… ¡abuelo! Que te duermes… - su nieta le sacudía levemente el brazo, sonriendo. Con un guiño, le agradeció la sonrisa y volviéndose hacia su mujer, le tomó la mano y depositó un largo beso en la palma arrugada. Esas dos mujeres eran su destino, su obra, su melodía.
Vivaldi seguía pintando con verdes tiernos y azules luminosos la alegría de la vida que renace, el gozo de la juventud y la fuerza, la llegada de la primavera. Fuera, el invierno se resistía a abandonar su reinado con furiosas ráfagas de aire helado, azotando las ramas que, preñadas de yemas, traían su inexorable mensaje de resurrección.
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