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DEBERÍAMOS VIVIR MIRÁNDOLO TODO COMO SI LO ESTUVIÉSEMOS CONTEMPLANDO POR PRIMERA VEZ O POR ÚLTIMA

miércoles, 9 de noviembre de 2011

S.O.S. ¿ALGUN INFORMÁTICO POR AHI?

Hola a todos, un s.o.s.. He comprobado que cuando quiero ser miembro de algún  blog, aún siendo mi usuario y  mi contraseña correctos, se produce un "bucle" por lo que, en vez de acceder a ser miembro, sale una y otra vez la pantalla de acceso que solicita usuario y contraseña (correctos y sin dar ningún problema, repito). ¿Alguien sabe como resolver semejante rebelión? Yo tiré la toalla... Os agradeceré a todos los sabios una ayudita. Por cierto, aunque no tengo demasiado tiempo para comentarios, os sigo a todos y os recuerdo. Un abrazo.

viernes, 23 de septiembre de 2011

ASÍ SON LAS COSAS?


Qué fácilmente se queda atrapada la gente en sus prisiones conceptuales.
La mente humana, en su deseo de conocer, entender y controlar, confunde sus opiniones y puntos de vista con la verdad. Dice: así son las cosas. Tienes que ser más amplio que el pensamiento para darte cuenta de que tu manera de interpretar «tu vida», o la vida o conducta de otra persona, cualquier manera que tengas de juzgar una situación, no es más que un punto de vista, una de las muchas perspectivas posibles. No es más que una cadena de pensamientos. Pero la realidad es una totalidad unificada donde todas las cosas están entrelazadas, donde nada existe en y por sí mismo. El pensamiento fragmenta la realidad, la corta en pedazos y en fragmentos conceptuales.
La mente pensante es una herramienta útil y poderosa, pero también muy limitante cuando se adueña completamente de tu vida, cuando no te das cuenta de que sólo es un pequeño aspecto de la conciencia que tú eres.
Eckhart Tolle

miércoles, 21 de septiembre de 2011

OTOÑO

El verano se ha acabado, el otoño lucha implacable para desterrarlo y empezar su reinado : aleja poco a poco el sol, vuelve amarillas las hojas antes de arrancarlas con sus dedos ventosos, desluce poco a poco el mundo como si lo rodeara con una fina gasa de tristeza, disfrazándolo de amarillos y púrpuras, de uvas y setas, mientras prepara traidor la mortaja del invierno. Lejos la casa de verano en la que vagan, por fin tranquilos, los leves espíritus que habitan su silencio. Lejos las mañanas ebrias de sol y calor, zumbido de insectos y llamadas de pájaros. Toca volver a los cuarteles de invierno, retomar las rutinas e intentar disfrutar la belleza de los ciclos de la naturaleza y de la vida… pero es tan hermoso el verano !!!

jueves, 7 de abril de 2011

UN RECESO

Muchas de las cosas que me busco y algunas que me encuentran me obligan a hacer un paréntesis. Quizá tenga alguna participación ocasional, pero hasta mayo voy a estar en stand-by. Hasta pronto, queridos bloguero. Besos !!!!

martes, 5 de abril de 2011

ESTE JUEVES UN RELATO ESPECIAL: A CUATRO MANOS

LA CARA
(RELATO PRODUCIDO POR LA SOCIEDAD LITERARIA MARISOL+SUSURROS DE TINTA)

Años 70. En una oficina de un lugar del que no quiero acordarme, dos intrépidas muchachitas de 18 primaveras, faldita corta, armadas con eye-liner y pelo escarolado, entran a trabajar a las órdenes de Doña Cascarrabias/Castidad de ahora en adelante conocida como DCC, una misión imposible: ¡¡¡ cambiarle el carácter o morir en el intento !!!

O1 (Oficinista 1)-Calla, calla, que viene DCC¿oyes?... menudos taconeos, eso es que trae vinagre - risas sofocadas y carreras para alcanzar las sillas e intentar aparentar una silenciosa eficiencia.

Apenas habían logrado componer la postura cuando apareció el dragón. Plantada en la puerta las miraba suspicaz, brazos en jarras y un mohín de suficiencia que daba a su cara de nariz a lo Cyrano y barbilla inexistente una rara apariencia ratonil. Paseó con disgusto la mirada por sus muslos, apenas cubiertos por la minifalda aún más menguada al permanecer sentadas.

De pronto, como galvanizada, dio un par de zancadas y se abalanzó sobre...¡la revista de música pop que acababan de hojear! Por todos los santos, no habían pensado en recogerla. La levantó con aire triunfal ( cómo le recordaba a la superiora del colegio en sus redadas por las aulas, Jesús, y ella que creía que aquello se acabó al terminar el bachiller) y aulló:

DCC- ¿Para eso os pagan? ¿para que empleéis el tiempo que pertenece a la empresa en leer semejantes tonterías? Jovencitas ridículas e irresponsables, debería informar de semejante negligencia. Y... a usted, pan sin sal, ¿se puede saber que le pasa?.

O2 (oficinista 2)- ¿A mí?, (se mira en el reflejo de la ventana), si lo dice porque hoy vengo más arreglada que otros días es porque es viernes y he quedado con un chico majísimo para salir luego al cine y...

DCC- ¿Arreglada?, arreglada es pintarse la cara como un payaso de circo y llevar un cinturón ancho en vez de falda (y la mueca de su sonrisa malévola tuerce su fea cara hasta hacerla ridícula).

O1- Pero si está fantástica, es lo que se lleva y eso a los chicos les vuelve locos !!!... (se calla fulminada por la mirada de DCC que casi le hace atragantarse)

DCC- Chicos, chicos, sólo pensáis en chicos.... Lo primero es el trabajo, que de eso vivís, qué poco sabéis de la vida - Muy digna, echa la revista a la papelera y sale con paso firme, sabiéndose en poder de la razón.

O2 - ¡Solterona amargada! Lo que pasa es que con ese careto ningún hombre la ha mirado dos veces. Me tiene harta....

O1- Se me está ocurriendo... oye ¿no tendrás algún folleto de la clínica de tu tío? Ese de la cirugía estética.... ¿no le gusta tanto mirar nuestras revistas? pues se lo vamos a poner a tiro. Mira, querida, es cuestión de supervivencia: si conseguimos que a esa bruja se la mire un solo hombre, te aseguro que da la vuelta como una media. Ya verás tú donde le queda la mojigatería y el mal humor cuando se le acerquen unos pantalones... Y, niña, tú y yo a vivir como reinas, que hasta va a pedirnos que la maquillemos...

Dicho y hecho, el folleto incluyendo una tabla de descuentos especiales fue a parar misteriosamente a la mesa de DCC y semanas más tarde, con la excusa de un problema en el tabique nasal, la operación se efectuó con éxito. Unos meses más tarde, ante la sorpresa de las dos empleadas, se presentó DCC con su nueva imagen: el milagro había tenido lugar. Una nueva mujer estaba delante de sus ojos: rostro agradable, discretamente maquillado, el pelo primorosamente peinado y teñido, y faldas…. ¡por encima de la rodilla! Bastante por encima de la rodilla….

DCC -¡Hola chicas! ¿Cómo ha ido sin mí? Supongo que mucho trabajo, ¿verdad, bonitas? Bueno, no os preocupéis, que llegan refuerzos… por cierto, celebraremos mi vuelta con un buen desayuno, invito yo.- Un guiño y se alejó rumbo a su despacho con suave contoneo de caderas.

Las dos chicas se miran entre asombradas y divertidas:

01 y 02 -Pues sí…. ¡La cara es el reflejo del alma!


Más narradores con cuatro manos en http://callejamoran.blogspot.com/

miércoles, 16 de marzo de 2011

Una convocatoria literaria:Este jueves un relato: UN CONCIERTO

Le temblaban las manos de pura emoción, incluso pensó con horror en la posibilidad de desmayarse. Pero una vez acomodada en su silla, cuando fue consciente de las flores que llenaban de color y perfume la sala, y de las magníficas arañas que la bañaban en torrentes de luz, cuando paseó la mirada por los artesonados dorados y las esculturas… se sintió parte de aquello, ¡estaba haciendo realidad su sueño! . Durante años, cada mañana del uno de enero, se sentó delante del televisor fascinada por aquel concierto que transmitían desde Viena. Para ella, que jamás había salido de su ciudad, aquello era el colmo del refinamiento y la exclusividad. Alguna vez se atrevió a decirle a su madre cuánto le habría gustado estar allí , pero su madre siempre respondía: “Calla, calla, mejor lo vemos desde aquí, en casa sentaditas”. Sentaditas. Ella había visto pasar la vida sentadita, había visto como los hombres pasaban de largo, las bodas de sus amigas, las maravillas del mundo desde una pantalla de televisor, el dinero en las clientas de la zapatería de lujo en donde trabajaba desde los quince años…. Siempre mirando sentadita. Pero hoy no, hoy ella era parte de la vida. Miró disimuladamente a los espectadores sentados cerca de ella, en primera fila de platea… parecían tan importantes, tan seguros, tan mundanos. Para darse ánimo miró sus fantásticos zapatos. Aún recordaba la cara de su jefe el día que le preguntó qué regalo le gustaría para su jubilación; ella había respondido sin dudar: “Esos zapatos de cocodrilo”. El hombre se quedó estupefacto,- ¿para qué querría esa solterona unos zapatos tan lujosos?”-, pero consiguió sonreír y le alargó la caja- al fin y al cabo esa mujer llevaba en la zapatería desde los tiempos de su padre, primero de dependienta y luego de cajera, así que, si quería zapatos de cocodrilo, pues muy bien.

Algo más tranquila, revisó su dos piezas, cosido por ella pero que conseguía dar el pego; sonrió halagada recordando la cara del recepcionista del modesto hotel: unos ojos como platos al verla vestida como una señora después de que el día antes entrara con tejanos y coleta. En cuanto a las joyas, aquí sí que no había nada que hacer, sólo contaba con los pendientes de perla de su pobre madre. Si la viera ahora… le daba un soponcio, ella que siempre conseguía ahorrar a fuerza de recortar al límite cualquier capricho. Siempre la misma canción: “ahorrar para la vejez”… Y para qué… ella vivió sus últimos años impedida, sin recordar ni su propio nombre… A ella le daba igual la vejez, para qué iba a preocuparse de su vejez ella que no tenía a nadie; mejor si no llegaba. Pero no quería pensar cosas tristes, hoy era un día feliz, un día que le costaba casi todos sus ahorros.

Los aplausos anunciaron la llegada del director, y tras un breve saludo, la filarmónica arrancó con el programa. Si existía cielo, debía parecerse mucho a aquello: la música la abrazó y la meció a ritmo de vals, la dejó extasiada esa orquesta que sonaba como un sólo instrumento siguiendo las manos mágicas de aquel hombre, impecable en su chaqué. Desde niña la música de Strauss había sido como un bálsamo para ella, por apenada que estuviera, siempre aquellas notas amables habían conseguido levantarle el ánimo. Y ahora, esas melodías nacían delante de ella, iban directas a su corazón desde el corazón de la tierra que las vio nacer.

Sus sentidos estaban al borde del colapso, incapaces de asimilar tanta belleza como absorbían: los aromas, la luz, la música… Ahora llegaban las primeras notas del “Danubio azul”, tan conocidas y que siempre le parecían tan hermosas como la primera vez. Los bailarines danzaban entre el público, adolescentes ingrávidos y hermosos que expresaban la melodía con sus cuerpos convertidos en instrumentos de carne… Sin darse cuenta estaba batiendo palmas con la marcha Radetzky, el final del concierto. Se fue rezagando hasta salir con los últimos espectadores, quería dilatar al máximo aquel día extraordinario. Sus amigas decían que el día de la boda era el día más importante de su vida, pues bien, ella acababa de vivir el suyo. Y era feliz, en aquel instante perfecto. Al salir, se fijó en un reloj barroco del vestíbulo, en la esfera esmaltada se leía : “Tempus fugit”. Dos palabras que encerraban el sentido de la vida. El tiempo huye, nadie puede detenerlo, pero hoy ella había vivido intensamente y eso era su poquito de inmortalidad.

Más conciertos y virtuosos en http://callejamoran.blogspot.com/2011/03/este-jueves-relato.html

miércoles, 9 de marzo de 2011

Una convocatoria literaria:Este jueves un relato: ELLA


Le aparcaron la silla de ruedas en el rincón de los rosales, al sol, como cada mañana. En su cascada de días monótonos y nebulosos, aquellos momentos eran los únicos que tenían vida: allí, al sol, que le calentaba lentamente la sangre perezosa y los huesos castigados. Poco a poco le volvía la vida y con ella los recuerdos: no era capaz de recordar qué había comido en el desayuno, ni siquiera si lo había tomado, pero su vida anterior a aquel geriátrico estaba viva hasta el detalle en su memoria y volvía día tras día a su mente. Nació mujer, pobre y en unos años oscuros, sólo eso ya era una condena. Sus hermanos varones pudieron ir por un tiempo a la escuela antes de empezar a trabajar los campos, sabían leer y contar, por muy torpemente que lo hicieran. Ella no, ella desde que podía recordar ayudaba a madre en la casa o iba con las cabras al monte. Al llegar a los diecisiete, su padre decidió casarla con un vecino, cuarentón, hosco, con la dentadura podrida. A cambio la familia recibiría un huertecillo al lado del río, que aseguraba fruta y verdura para todos. Madre lloró y suplicó que no casara a su chica con aquel bestia, pero padre dio un gran puñetazo en la mesa “Una boca menos, un huerto de más y comida caliente para la muchacha el resto de su vida”. Así acabó la discusión y ella pasó a su marido casi en calidad de bestia de carga: trabajó sus campos, cuidó su casa y sus animales y le parió nueve hijos. Como siempre que llegaba a ese punto, una lagrimilla asomaba a sus párpados legañosos. A los dos mayores se los mataron en la guerra, tres murieron de chicos: uno al nacer y dos de garrotillo. Los otros se dispersaron por las capitales, buscando el futuro que el campo les negaba. Y el último, su Juanillo… si él supiera que estaba aquí, sola y vieja… seguro que iba a sacarla para llevarla con él. Siempre fue su niño querido, tan dulce y sensible, siempre detrás de ella, entre cazuelas y escobas. Su marido les observaba con gesto torvo, hasta que se levantaba, se sacaba el cinturón “¡¡¡ Maricón, más que maricón!!! Y tú, a saber con quién me habrás engañado para parir a ese mostrenco…” Y la emprendía a zurriagazos con el chico y con ella, más con ella porque intentaba proteger al niño con su cuerpo. Así una vez y otra, hasta que un día, con quince años, su Juanillo se marchó; se despidió de ella llorando y ella lo entendió: le dio las pocas pesetas que guardaba en una lata y se sentó mirando el fuego hasta que no le quedaron lágrimas. Y se quedó sola, primero marcharon sus hijos y luego, al menos un alivio, murió su marido. Vendió sus pocas tierras para pagar el entierro y adecentar la casa y se puso a jornal, en el campo, en el lavadero, en la matanza… y así años y años, hasta que su cuerpo dijo basta y el mosén movió sus contactos para meterla en el asilo. No…, geriátrico le llamaban ahora....

- ¡Manuela¡ Uy, por Dios, que no me he olvidado de ti ni quiero que te pongas negrita como una faria, aquí al sol – la risa atropellada de Eva, la cuidadora, que llegaba corriendo para empujar su silla otra vez de vuelta al comedor- Es que hemos tenido reunión con los del sindicato, y no veas que lío… qué suerte has tenido, Manuela, de no tener que trabajar en una empresa, a sueldo…..

Otras mujeres en http://callejamoran.blogspot.com

jueves, 3 de marzo de 2011

Una convocatoria literaria:Este jueves un relato: LA PRIMAVERA LA SANGRE ALTERA



El violín ora cantaba como un pájaro, ora parecía seguir el caprichoso vuelo de una mariposa…una cascada de arpegios llenaba la sala del Teatro Auditorio acariciándole. Cerró los ojos y suspirando se arrellanó en la butaca, sus dedos artríticos parecían cobrar vida independiente y, sin que en ello mediara la voluntad, iniciaban amagos de movimiento como si volvieran a tener las cuerdas bajo ellos. La Primavera de Vivaldi … siempre sería la primavera de Herta. Cuántos años habían pasado desde entonces, cuántas primaveras desde que la viera por primera vez ensayando aquella pieza. Dos estudiantes de violín con una beca para el Conservatorio de Viena, jóvenes, llenos de ilusión y con la vida por delante… El amaba la música desde que tenía memoria, era su pasión y su lenguaje más íntimo, trabajó y luchó para ser un buen violinista pero jamás pasó de ser un impecable ejecutor técnico: consiguió un puesto en la Filarmónica y cuando sus dedos dejaron de obedecerle fue profesor en el Conservatorio. Cuántas horas de estudio, ensayaba hasta que no podía más, pero algo se interponía entre la música que sonaba en su cabeza y la que sus dedos transmitían, su música no tenía alma. Pero Herta… Herta era otra cosa: cuando tomaba el violín como si fuera una joya y lo apoyaba amorosa en su cuello, cuando sus dedos finos acariciaban el arco… ah, entonces se transformaba. Era un ser de luz, en simbiosis con el instrumento, era la Música en toda su grandeza, era la voz de Dios… Cómo la había amado, tanto como a su música. Pero su rival era demasiado poderoso, el Violín se la arrebató. Herta sí llegó a concertista, ella sí pudo emocionar a un teatro entero con su don…
-Abuelo… ¡abuelo! Que te duermes… - su nieta le sacudía levemente el brazo, sonriendo. Con un guiño, le agradeció la sonrisa y volviéndose hacia su mujer, le tomó la mano y depositó un largo beso en la palma arrugada. Esas dos mujeres eran su destino, su obra, su melodía.
Vivaldi seguía pintando con verdes tiernos y azules luminosos la alegría de la vida que renace, el gozo de la juventud y la fuerza, la llegada de la primavera. Fuera, el invierno se resistía a abandonar su reinado con furiosas ráfagas de aire helado, azotando las ramas que, preñadas de yemas, traían su inexorable mensaje de resurrección.



OTRAS PRIMAVERAS EN http://callejamoran.blogspot.com/

viernes, 18 de febrero de 2011

Una convocatoria literaria:Este jueves un relato "WORLD BUILDER"


Nacieron gemelas siamesas unidas por el tórax; por suerte no estaba implicado ningún órgano ni vaso importante por lo que la cirugía separó sin problemas sus cuerpos aunque no pudo separar sus almas. Antes de hablar ya tenían su idioma propio y más tarde, cuando hubo que comunicar con “los otros” una empezaba la frase y otra la terminaba, tal era su conexión. Pasaron las mismas enfermedades, se enamoraron de dos gemelos, estudiaron la misma carrera e incluso tuvieron una hija cada una por las mismas fechas; vivían la vida al unísono aunque las separaran cientos de kilómetros. Hablaban diariamente durante horas, se mandaban correos, pero para las cosas importantes, para los sentimientos, jamás les hizo falta intermediario: eso lo sentían en las entrañas, sentían el dolor, la alegría, la angustia de la otra como propia.
Por eso aquella noche en que despertó sobresaltada, con la sensación de caer cada vez más rápido por un túnel sin fondo, gritó aterrorizada. Tranquila, es una pesadilla, le había dicho su marido. Pero no, eso era diferente, aquel dolor de cabeza insoportable, el miedo que le encogía el cuerpo… eso era otra cosa. Antes de descolgar el teléfono ya lo sabía. Un coche derrapó bajo la lluvia ; su hermana estaba en coma.
Tomó el primer avión y corrió a su lado. Estuvo meses junto a aquella cama, ni familia, ni trabajo, nada importaba sino aquel cuerpo idéntico al suyo que se consumía inmóvil. Percibía el terror de una mente viva atrapada en un cuerpo muerto. No podía irse porque ella era su única salvación; en los momentos en que la sentía caer en la angustia suprema, remontaba su mente igual que un pájaro llevando entre sus alas la mente de su hermana, y juntas volvían a los días felices, a la playa en que jugaron de niñas, a la vieja casa de la abuela…, ella conseguía recrear el mundo para su hermana, podía llevar el mensaje de los sentidos a aquel espíritu suspendido entre dos dimensiones.
Y ahora esto. El protocolo del hospital, - “Su hermana está clínicamente muerta”. Lloró, suplicó, exigió, recurrió a todo lo que podía ofrecerle una posibilidad, pero una orden del juez acabó con sus esperanzas. El psiquiatra del hospital intentó consolarla ¿qué sabía él? ¿acaso había podido entender lo que es tener un cuerpo con dos almas o un alma repartida en dos cuerpos? Se rió en su cara cuando él le dijo que todo era producto de su mente, seguro que eso acabó de convercerlo de que estaba loca. Su ciencia no le permitía intuir que la realidad no es más que un sueño de la mente, y ella podía soñar por su hermana. ¿qué era estar vivo, pues?
Rendida, apoyó la frente en la cama, sobre la mano inerme de su igual. Quizá se durmió, seguramente. En el sueño, su hermana estaba de pie a su lado, cubierta con una pesada capa oscura. Con esfuerzo consiguió zafarse de ella y emergió radiante, con la belleza que tuviera en su juventud. Sonrió y la besó en la boca. Se deslizó, etérea, hasta la ventana y allí, envuelta en un rayo de sol, nimbada por el polvo dorado, poco a poco fue fundiéndose en luz.
La pequeña comitiva que entró en la habitación la despertó; unos minutos después el pitido continuo de los monitores anunciaba la partida de su hermana… un frío intenso se apoderó de ella, abismos negros cayeron sobre su pecho ahogándola, intentó gritar, agarrarse a algo, pero la vida huía también de su cuerpo. En el colmo de la agonía, un lejano punto de luz, agrandándose, succionándola, llevando de nuevo el aire a sus pulmones. Una mano conocida, la de su querida gemela o quizá la suya propia, surgiendo de aquella nada luminosa, la conducía de vuelta a la vida. Sintió la caricia de un beso en su boca y abrió los ojos al mundo, esta vez …sola.


jueves, 17 de febrero de 2011

VENGANZA


-Mira, Rosita, ya me sale. Chun, chun, chun, chuchuchun….
Detrás de la persiana, ella y su madre se reían intentando no hacer ruido. Era una pesada tarde de agosto y por los balcones abiertos no entraba ni un soplo. Del piso de enfrente seguían saliendo los rasgueos patéticos que Paco arrancaba (en el más doloroso de los sentidos) de una martirizada guitarra.
La historia tenía su miga. En aquel piso vivía un matrimonio ya mayor, sin hijos, y como eran tiempos duros pensaron en amortizar la vivienda poniendo un realquilado. El susodicho, de nombre Paco y andaluz de los sosos, era un soltero viejo que con el tiempo acabó siendo el amante (o el “querido” como se decía entonces) de la Rosita. El marido, inevitablemente enterado del asunto, tuvo que mirar para otro lado, pues su mujer era la dueña del piso y su magro sueldo de oficinista no le daba para más alternativas. Y así pasaron a ser conocidos en el barrio como “la vinagrera”, interpretación socarrona que dio el vecindario a aquel trío que paseaba en amor y compaña: la Rosita en medio, mujerona alta y de busto más que prominente, flanqueada por marido y amante, ambos flacos y esmirriados. No faltó quien dijo que aquellos dos equivalían a uno. Y es que, a pesar de que eran años de misa y moralina, la gente de a pie era indulgente con los pecados de la carne.
-Rosita, escucha, ya me sale “Maria de la O”….chun, chun, chunchun, chun chun….
Nuevas risas sofocadas detrás de la persiana.
–Si todo lo hace igual este Paco, va arreglada la Rosita. Venga, salgamos al balcón, que ya dan los cuartos en el reloj de la plaza.
Se acodaron en la barandilla, el espectáculo estaba a punto de empezar; no eran las únicas que con el cuento del calor se asomaban a aquella hora. Las campanadas acababan de dar las cuatro y como si estuviera sincronizado con el mecanismo, el marido de Rosita salió por la puerta de la calle. Insignificante en su traje barato y su eterno sombrero, enfiló la acera con sus pasitos cortos y saltarines que le hacían parecer un jilguero con maletín. ¡Ahora, ahora! Llegó a la esquina y dejó con solemnidad la cartera en el suelo, se dio media vuelta y con gesto frenético hizo varios cortes de manga en dirección al piso que emitía los ayes (de dolor) de la guitarra. Hecho esto, recuperó su flema habitual y su cartera y dobló la esquina.
Miradas divertidas y guiños entre las vecinas asomadas.
– Mira, Rosita, ahora la “Bien Pagá”… chun, chunchun, chun….

martes, 15 de febrero de 2011

NUESTRAS BABUCHAS


Un pobre comerciante de Bagdad tenía unas babuchas maltrechas y remendadas que eran objeto de burlas, al punto que ni siquiera él tenía valor para mirarlas. Pero todos sus intentos de deshacerse de ellas habían acabado fatal. Cuando las tiró por la ventana fueron a dar contra la cabeza de una mujer, la hirió y fue a la cárcel. Cuando las tiró al canal, atascaron el desagüe principal y la ciudad se inundó, por lo que volvieron a encarcelarle. Por fin decidió que para librarse de ellas, lo primero que tenía que hacer era aceptar que eran suyas y luego olvidarse de ellas. La clave de la felicidad es aceptar vuestras babuchas: lo que sois, vuestro aspecto, vuestra familia, las dotes que tenéis y las que no tenéis. Si seguís repitiendo que vuestras babuchas no son vuestras, moriréis buscando y amargados, creyendo siempre que os habían prometido más. No sólo se convierten en nuestro destino nuestras acciones, sino también nuestras omisiones.

(resumen libre de un párrafo del libro “Hijos del ancho mundo”, de Abraham Verghese)

miércoles, 9 de febrero de 2011

Una convocatoria literaria:Este jueves un relato:"besos".


Quinta planta. Salió del ascensor y enfiló el largo pasillo que terminaba en el despacho de ella. Otra vez el cosquilleo en el estómago ¡se hacían tan largos los días esperando el momento de verla! Era un hada, tan rubia, tan delicada…el primer día que la vio se enamoró de aquellos ojos que parecían concentrar toda la luz, de aquellos gestos de princesa. La contempló a través de la cristalera, ah, si él tuviera el valor de….

Se quedó de pie, mirando sin ver los edificios de enfrente. Lo hubiera imaginado todo menos eso. Nunca debía haberse dejado llevar, pero lo amaba tanto y desde tanto tiempo, a duras penas lograba ya sujetar sus sentimientos. Ayer debió volverse loca, pero fueron un cúmulo de situaciones… era tarde, había que terminar el informe, estaban solos en la planta… no pudo resistir cuando él le puso la mano en el hombro y le agradeció su colaboración: no pensó, sólo lo abrazó y lo besó apasionadamente. El se puso rígido y la miró confundido, pero ella volvió a besarle, con desesperación, ya no le importaba nada. Poco a poco él empezó a corresponderla y terminaron haciendo el amor sobre la mesa. ¡Por Dios, qué locura! Esta mañana su ánimo estaba en plena zozobra, cómo llegaría él, qué se dirían… estaba tardando mucho y se moría de impaciencia. Llegó a media mañana y al verle supo que algo andaba mal. Cerró la puerta tras de sí y se plantó delante de su mesa, sin mirarla : Mmmmm, verás, siento mucho lo de ayer… sabes que soy un hombre casado… felizmente casado y lo de ayer fue una equivocación. Supongo que debes sentirte muy violenta teniendo que trabajar juntos, así que acabo de hablar con el Jefe de Marketing: le parece muy buena idea que trabajes para él, eres una estupenda secretaria ejecutiva y seguro que en ese departamento tendrás más posibilidades de promoción. Ahora, por favor, puedes empezar el traslado. Cuando encontremos a tu substituta ya le darás instrucciones.

Llamó a la puerta y entró empujando el carrito de la correspondencia. Ella ni contestó, estaba muy quieta, mirando por la ventana. Cuando se dio la vuelta la vio llorando. El corazón se le encogió, fue un impulso… la abrazó y la besó torpemente. Ella se apartó irritada y le empujó – pero, ¿Qué te has creído? Largo de aquí ¡largo de aquí ahora mismo!

-¿Te pasa algo, chico? – No señor…. es….la alergia, gracias – La alergia…, ¡y que más…! El chico estaba llorando. Era uno de los becarios le parecía. Ah, sí, el que reparte el correo. A saber que le pasará. - Planta baja.

sábado, 5 de febrero de 2011


Gracias por tu premio, Chelo. Me sale aquello de "agradecida y emocionada, solamente puedo decir: gracias por venir" hasta con su música y todo, pero quizá quede poco serio... La verdad es que ha sido un detalle estupendo. A ver si me hago merecedora con los 7 secretos:

1.- Soy una optimista irredenta. Dicen que un optimista es un pesimista mal informado, pero lo siento, aunque esté informada y toque fondo, tengo un salvavidas genético que tarde o temprano me remonta. Lo he comprobado en situaciones límite que he pasado y funciona, por lo que doy gracias a mis genes.
2.-Me gusta la gente, pero tengo que reconocer que me siento muy bien estando sola. A veces me pregunto si demasiado bien.
3.-Odio la burocracia y mi peor rato sería ir al Banco o a Hacienda
4.-Dicen que sé escuchar. Pero yo no suelo contar mucho de mí, no tengo esa necesidad. Entiendo que algún amigo lo interprete como falta de confianza, pero no es así.
5.-A veces soy demasiado independiente, suelo necesitar mi espacio de vez en cuando.
6.-A veces tambien, tengo tendencia a "tomar el mando" ...
7.-Soy absolutamente incondicional de los míos, creo que es mi mejor cualidad.

Bueno, para no gustarme hablar de mí no está mal. Lo de los quince blogs me temo que no podré cumplirlo porque están bastante repetidos con los de Chelo....

miércoles, 2 de febrero de 2011

Una convocatoria literaria:Este jueves un relato: "Sentencias."


ARRIEROS SOMOS Y EN EL CAMINO NOS ENCONTRAREMOS


Cerró la puerta tras despedir al paciente y suspiró. Eran las ocho y aún le quedaba una visita, primera visita además, así que llamó al club de tenis para anular la reserva de pista y luego a su mujer para avisarle del cambio de planes. Hecho esto salió para recibir a su nuevo paciente y… se quedó de una pieza. Era él, estaba seguro, a pesar de la barriga, de los escasos cabellos y del rostro envejecido. Esta certeza despertó recuerdos que llevaba años reprimiendo: se vio a sí mismo en medio del patio, inmovilizado por varios chavales mientras él le bajaba los pantalones “Culo gordo, culo gordoooo “; todos se reían pero él quería morirse, morirse de una vez allí mismo. Cuatro años solo en un rincón del patio, nadie se atrevía a desafiar al gallito de clase por un retaco gordo con gafas de miope y voz de flauta. Se obligó a volver al presente y le estrechó la mano. Aquella mano le había empujado, pellizcado y apuñeteado durante todo el bachillerato, por suerte era un zoquete y no pasó ni la reválida. Ir a clase era un verdadero tormento entonces, por eso se refugió en los libros, para demostrarse a sí mismo que valía para algo. “Escúpele en el bocadillo, que a ese cerdo le da igual, con tal de hartarse. ¡Gordo, gordooooo, cuatrojos!”. Le invitó a pasar cuando se dio cuenta de que el hombre estaba desconcertado, no entendía que hacía el médico allí plantado sin soltarle la mano. Tras él venía un chiquillo de unos ocho años, gordo, cabizbajo, buscando fundirse con el mobiliario para pasar desapercibido. Un sentimiento de ternura le invadió, casi siempre era lo mismo: parecían pedir perdón por existir, no entendían por qué estaban prisioneros en ese corpachón que les hacía ridículos y torpes a una edad en que todos sus compañeros eran ágiles y esbeltos.

¿Qué le pasaba a ese médico? Si no fuera porque el pediatra le había recomendado expresamente que viniera… “es el mejor” le había dicho. Y él quería lo mejor para su nieto, así se lo había prometido a su hija aquella noche en el hospital. Bueno, es el colmo, ¿por qué me mira de esa manera?. El caso es que esa cara me suena…. Me mirará así porque no soy el tipo de gente que viene a su consulta… todos unos pijos, seguro. Al menos parece un experto y con el chico se entiende…

Bien, pues por hoy hemos terminado. Les acompaño. Dame la mano, chico, ya verás como el curso que viene, si tú haces todo lo que yo te diga, pero todo, todo, ya nadie más va a llamarte gordo, ni se van a reír de ti.- el niño le miró maravillado: ¿cómo sabia eso el doctor? Si ni tan sólo al abuelo se lo había contado, por mucho que preguntara cuando lo sorprendía llorando en la cama, ni cuando se extrañaba de que no viniera ningún amigo por casa.- Yo de pequeño también era un “gordo”, y había un bruto que se rió de mí y me amargó la vida durante cuatro años en los jesuitas, le llamaban “el cachas”… - levantó la vista a tiempo de ver como el hombre enrojecía violentamente. – Pero tú no te preocupes, yo sé la manera de salir de esto- sonrió.- yo lo hice. Ese “cachas” fue mi motivación para hacer dieta, ir al gimnasio, operar mis ojos, especializarme en endocrinología infantil : quería hacer todo lo posible para que ningún niño pasara por lo que yo pasé. No tomes en cuenta a los que se burlan de ti, las cosas cambian con el tiempo, te lo aseguro, si uno tiene tesón y paciencia… y no les odies, ellos son más desgraciados que tú porque no tienen sentimientos. Mi abuela, que no sabía leer pero era muy lista, siempre decía “Arrieros somos y en el camino nos encontraremos” . Hasta la próxima semana, campeón, y dile al abuelo que te explique lo que es un arriero.

Verán más historias en el blog de Gustavo http://callejamorán.com/

lunes, 31 de enero de 2011

QUISE


Quise controlar el viento
Quise controlar el rumbo
Y me olvide de mis pies de barro
Y me olvide de mis ojos ciegos
Quise un refugio para mi alma
Quise un ascua para mi corazón
Olvidando el frio del mundo
Olvidando el hielo de los caminos
Quise poseer mi vida
Quise poseer mi destino
Olvidando el viento,
Olvidando el rumbo….





viernes, 28 de enero de 2011

TARDE DE LLUVIA


La lluvia cae mansa, en paz; lava el alma y se lleva las lágrimas junto con las suyas. La veo caer y me gusta esa melancolía, esa luz gris que todo lo dulcifica. Me inspira recogimiento. Todo se vuelve más intimo y diferente: las calles se acharolan y los arboles se iluminan con guirnaldas de cristal, como sacados de un país de fantasía
El olor de tierra mojada, de calle mojada me lleva siempre a mi infancia, me recuerda las tardes que, detrás de los cristales, miraba como caía la lluvia con la sensación de presenciar un prodigio. Porque eso era para mí entonces: agua, caída del cielo, a veces fina y delicada como un velo, y a veces furiosa y alocada, jinete del viento azotando el mundo. Me fascinaban las gotas corriendo por el cristal, atrapándose, empujándose, tan pronto separándose como fundiéndose. Me maravillaban sobre todo los relámpagos y truenos, mi madre se reía y me decía que los ángeles cambiaban los muebles de sitio. Y yo venga preguntar por qué, qué es eso... Me sobrecogía todo aquel festival de luz y sonido que organizaba la lluvia… sobre todo en el pueblo, con la caja de resonancia de las montañas que lo hacia imponente. Era sobre emocionante distinguir en un segundo la trayectoria de un relámpago, imprevisible, espeluznante. Y las jaculatorias de las abuelas vecinas encomendándose a Santa Bárbara (así que esa santa… ¿TENIA influencias sobre eso? Qué fuerte!), persignándose a cada centella como si las mandara el mismo diablo y no el cielo (¿acaso el diablo podía disponer del cielo para sus fechorías…?). Recuerdo a la tía Marina, una vecina que abría puertas y ventanas para que, si caía un rayo, pudiera volver a salir y no le hiciera daño. .. suerte que nunca le entró ninguno para probar la teoría.
Y por no hablar del granizo, otra maravilla. Caer piedras de cielo, piedras de hielo de diferentes tamaños y texturas. ¿Cómo no se caen las nubes con el vientre lleno de piedras?
Me gustaba sentirme en casa, acompañada, una sensación agradable pensar en las inclemencias de fuera desde la seguridad de casa.
Ahora, a pesar de que la edad ha trocado todos esos portentos en áridas explicaciones científicas, sigo viendo la lluvia con un cierto asombro todavía. Y también con una cierta nostalgia porque la niña que miraba tras los cristales se ha escondido definitivamente dentro de mí y ya sale muy pocas veces. Y no puede ir corriendo a mamá a preguntar todos sus porqués ni a refugiarse cuando retumba el trueno.
Ay, que tendrá la lluvia que nos envuelve en nostalgia y nos pone el alma chiquitita.

jueves, 27 de enero de 2011

CUENTO PARA PALIAR EL ABURRIMIENTO. - FINAL

Salió de la casa antes del amanecer, como cada mañana. Le gustaba aquella hora irreal, en que la luz luchaba brevemente con las sombras antes de despuntar sobre ellas y terminar venciéndolas, Allá lejos, en la línea del horizonte, una ligera luminosidad rosada era el anuncio de ese momento mágico. El aire era puro y penetraba en él dotándole de una ligereza y una lucidez nunca antes experimentadas, y mientas andaba, hundiendo los pies descalzos en la arena tibia, imaginó lo que podía estar sucediendo en aquel mundo tan lejano ahora, tan fuera de su vida…
Sonrió tratando de reproducir la escena: el señor Manich entra en el pequeño restaurante de Silvestre, muy elegante con su traje italiano y su maletín de cuero, y pregunta por el dueño. El cocinero se sienta delante de él con el mismo gesto con que lo hizo aquel día memorable, y su administrador abre el portafolio y le muestra unos documentos: “firme aquí y pasara a ser suya esta cantidad, con ella podrá convertir este local en el mejor restaurante del barrio. También, si usted lo desea, podrá administrar esta otra cantidad en calidad de presidente de la Fundación de Ayuda a los Náufragos de la Vida, nadie mejor que usted sabrá reconocerlos y ayudarlos.”
La sonrisa desapareció de su rostro cuando pensó en su familia. Seguramente Marita estaría en pleno ataque de histeria tras conocer su legado: una pensión vitalicia del mismo importe que su sueldo, al fin y al cabo eso era lo único que había amado de él y con eso la dejaba. En cuanto a Héctor, sintió una punzada de duda con respecto a su actuación con él, pero seguramente era lo mejor para su formación: una cantidad en el banco depositada únicamente para costear cualquier carrera universitaria en la mejor institución. Quizá con el tiempo su hijo comprendería la intención que le guió al obrar así. De todos, modos, su fiel Manich le tendría al corriente de todo lo concerniente al chico.
Y solo de pasada, un fugaz sentimiento mezcla de conmiseración y asco al pensar en su antiguo jefe, don Manuel. Manich se encargaría de amargarle un poco la vida atacándole por su única parte sensible: la economía. Sólo para que sintiera un poco del miedo que había hecho sentir a tantos desgraciados. Posiblemente le hacia un favor.
Perla correteaba entre sus piernas, la única que le acompañó en su exilio voluntario. Realmente era un lugar paradisiaco. Se detuvo a contemplar el mar, eterno amante prodigando sus caricias a la playa de arena blanca, y se dispuso a saludar al nuevo día, su día, puesto que él era ya y por siempre su único dueño y señor.
Nunca dejaba de emocionarle ese espectáculo; debía ser alguna ancestral reminiscencia de los primeros hombres temerosos de que la bola de fuego que les daba vida, dejase alguna vez de reaparecer. El sol, con toda su majestad, se elevaba despacito de entre las aguas, cambiándolo todo con su presencia, dándole a todo lo existente una nueva dimensión. Se tendió en la arena con un suspiro: por fin la felicidad, tan sencilla, tan antigua... De pronto, todo se llenó gradualmente de algo que... era un ruido, un ruido estridente, cada vez más machacón. Se levantó sobresaltado y sintió que desde el horizonte, y como viniendo del centro mismo de aquella aurora mágica, algo le arrastraba por un túnel oscuro al son de aquel timbrazo enervante, le arrancaba de la arena blanca y le lanzaba sobre...